Levántate y Piensa
Audio · episodio 3 de 5

Cuando revisar se convierte en aprobar

Voz sintética, generada por un programa; no es la de ninguna persona.

Debajo, el texto completo del episodio.

Hay una manera de pensar el control de calidad que suena razonable y deja fuera lo más importante. Dice que si a un equipo le llega más trabajo, la calidad baja un poco; y si le llega mucho más, baja bastante. Una línea recta. Un control no tiene por qué degradarse en línea recta. Puede aguantar, aguantar, y romperse de golpe.

Un caso simple. Piense en una persona cuyo trabajo es revisar documentos antes de que salgan. Con diez documentos al día los lee, encuentra la mayoría de los errores y devuelve lo que está mal. Suponga ahora que le llegan cien. Lo que no ocurre es que revise diez veces peor. Lo que cabe esperar es otra cosa: que deje de revisar y empiece a firmar.

Antes de seguir, una advertencia sobre esos dos números. Diez y cien no son la medición de nada. No son un dato: son una manera de ver el problema. Están ahí para que se note el salto, no para que usted se los crea.

Porque lo que pasa en ese salto, en ese umbral, no es una pérdida gradual de calidad. Es un cambio de oficio. El revisor sigue en su silla y en el organigrama sigue siendo el revisor. Pero la tarea que hace ya es otra: autorizar. Mirar el encabezado, ver que tiene la forma esperada y poner la firma.

Y desde fuera no se nota nada. Los documentos siguen saliendo con su visto bueno. El indicador sigue diciendo que se revisó todo. Lo que cambió no fue el número. Fue el significado del número.

Esto explica algo que desconcierta a cualquiera que administre: por qué fallan las mejoras proporcionales. Duplicar las horas de capacitación no duplica nada. Mientras no se cruce el umbral, la mejora no se nota y parece dinero perdido. Puede no cambiar nada, y luego cambiarlo todo de golpe.

Ahora agreguemos las herramientas de inteligencia artificial que redactan textos, porque aquí el efecto se agrava. Con ellas, producir se vuelve mucho más rápido y más barato. Comprobar, no. Y lo que producen tiene la forma exacta de una respuesta correcta, aunque no lo sea. El volumen que llega al revisor sube, y el revisor es el mismo de antes.

Y hay una trampa más. Cuanto más fiable parece la herramienta, menos se revisa. Es comprensible: si durante un tiempo usted no encuentra un solo error, afloja. Pero al aflojar pierde práctica, y quien deja de practicar sabe revisar peor. De modo que el revisor se degrada justo cuando el sistema mejora. Y el día que el sistema falle, quien debía notarlo lleva tiempo sin mirar de verdad.

La objeción a todo esto es obvia y tiene su parte de razón. No se puede revisar todo, y quien lo intente no producirá nada. Es cierto. Pero la salida no es revisar menos con la misma ceremonia. Es cambiar de método: auditar a fondo una muestra pequeña en lugar de vigilar mal el total. Una muestra pequeña leída completa dice más que el total hojeado. Y dice algo que el total hojeado no dice nunca: cuántos errores se están escapando.

De ahí una regla que sirve para cualquier oficina. Un revisor sin tiempo, sin autoridad para devolver lo que está mal y sin una medición que lo respalde no es un control. Es un sello.

Si usted dirige algo, hay una pregunta que puede hacerse esta semana y que no cuesta dinero. No es «¿tenemos revisión?»: eso lo contesta el organigrama. La pregunta es cuántas cosas devolvió el revisor el mes pasado. Si la respuesta es ninguna, puede ser que todo viniera perfecto. O puede ser que el umbral ya se haya pasado sin que nadie se diera cuenta. Merece la pena saber cuál de las dos es.

Notas del episodio. Este episodio deriva del ensayo «Quién corrige a la máquina», de La Cátedra: https://lacatedra.do/quien-corrige-a-la-maquina.html. No cita obras de terceros. Los dos números que menciona, diez y cien, son un mecanismo de razonamiento del ensayo, no una medición, y así se dice en el propio episodio.

El guion de este episodio se elaboró con asistencia de inteligencia artificial y la voz es sintética, generada por un programa; no es la de ninguna persona. Se publica tras edición, verificación y aprobación bajo la responsabilidad editorial de Johnny Pujols, director de La Cátedra.

Voz: modelo libre es_MX-ald-medium del proyecto Piper, entrenado con grabaciones donadas al dominio público (Unlicense). La Cátedra no imita la voz de ninguna persona.

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